¡Qué interesante es cuando la
música recrea los recuerdos más vívidos! Cualquier sentimiento es válido:
alegría, tristeza, amor, derrota, gloria, tonterías, necedad, risas y encanto.
7 años, jugando a la pelota
9 años, castigado en la
escuela
15 años: castigado en la
escuela, jugando a lo que sea, embobado por una niña
Los sonidos de la lluvia y la
tormenta con unos segundos en algún track. Memorias de las risas y las charlas
serias en alguna noche de bebida y alegría en el salón fumador. Bromas,
anécdotas y lo que sea que se les pueda ocurrir.
Las noches transcurren
aceitadas como el motor de un buen Maverick 77 que corre bajo un intenso sol en
alguna salida de la ciudad o en alguna carretera en el viaje hacia donde dicte
la intuición y la sonrisa pícara del aventurero de lentes oscuros, tatuajes en
los hombros, una vida qué gastar y un corazón qué perder. ¡Adelante, que no hay
tiempo!, y en efecto, el tiempo era el problema y a la vez el recurso.
Rodando en altas revoluciones
las llantas ya medio gastadas, la carretera caliente ve pasar a la nave del
peso del revuelto pasado. Por eso hay que correr, por eso hay que huir ¡por eso
hay que quemar caucho!
Las bocinas le dan presencia a
un gran soundtrack. Mientras el sol se pavoneaba, el cd sonaba con algo que
decía así:
My mind is playing tricks on me all the time
To let you know that I am real
And all the worries you build
Up inside your soul
The ones that make your world stand still
To let you know that I am real
And all the worries you build
Up inside your soul
The ones that make your world stand still
[…]
Así es, solo era una fantasía
desde el escurridizo sueño en el dichoso salón fumador.