martes, 5 de marzo de 2013

Larga vista



¡Qué interesante es cuando la música recrea los recuerdos más vívidos! Cualquier sentimiento es válido: alegría, tristeza, amor, derrota, gloria, tonterías, necedad, risas y encanto.

7 años, jugando a la pelota

9 años, castigado en la escuela

15 años: castigado en la escuela, jugando a lo que sea, embobado por una niña

Los sonidos de la lluvia y la tormenta con unos segundos en algún track. Memorias de las risas y las charlas serias en alguna noche de bebida y alegría en el salón fumador. Bromas, anécdotas y lo que sea que se les pueda ocurrir.

Las noches transcurren aceitadas como el motor de un buen Maverick 77 que corre bajo un intenso sol en alguna salida de la ciudad o en alguna carretera en el viaje hacia donde dicte la intuición y la sonrisa pícara del aventurero de lentes oscuros, tatuajes en los hombros, una vida qué gastar y un corazón qué perder. ¡Adelante, que no hay tiempo!, y en efecto, el tiempo era el problema y a la vez el recurso.

Rodando en altas revoluciones las llantas ya medio gastadas, la carretera caliente ve pasar a la nave del peso del revuelto pasado. Por eso hay que correr, por eso hay que huir ¡por eso hay que quemar caucho!

Las bocinas le dan presencia a un gran soundtrack. Mientras el sol se pavoneaba, el cd sonaba con algo que decía así:

My mind is playing tricks on me all the time
To let you know that I am real
And all the worries you build
Up inside your soul
The ones that make your world stand still

[…]

Así es, solo era una fantasía desde el escurridizo sueño en el dichoso salón fumador.